Empecé el año 2019 con más preguntas que respuestas y con el alma más inquieta que de costumbre.
He llegado, después de mucho, a la conclusión de que no existe una única verdad espiritual. Sería, a lo menos, injusto.
Cuando tenía 12 años, pasé el verano en Puerto Varas, mientras mis papás estaban en Portugal. Estuve en una casa con dos bibliotecas enormes. Me adentré esos meses a leer lo que más pudiera. Ahí por primera vez leí sobre el misterio de la vida después de la vida y de cómo a través de la hipnosis, podríamos llegar a recordar aquello que habíamos vivido más allá incluso, de esta vida.
Con el alma inquieta, el día viernes, de regreso de una salida a terreno de mi trabajo, me topé con el centro Amulen, que queda en calle Rodríguez, pero casi llegando a la calle Dr. Carrillo. Leí afuera una lista de terapias alternativas y de esas, la que más me llamó la atención fue la "sanación uterina" y la lectura de los "Registros Akáshicos". Toqué el timbre y salió a abrirme una niña. Entré y pregunté por ambas terapias. La niña me dijo: justo tenemos este fin de semana un descuento porque haremos una feria, las terapias están con 50% de descuento. Mi alma cazadora de ofertas se regocijó.
-"Quiero una hora altiro" (Me delató la impaciencia)
- "¿Ahora ya?"
- "Si, estoy en hora de almuerzo, puedo quedarme"
- "No puede ser ahora ya, hay horas para la tarde"
- "Puedo a las 6"
- "Reservo la hora de las 6 entonces" - Me dijo la niña con paz y paciencia.
No quise leer nada antes, de hecho, me costó hasta recordar cómo se llamaba eso a lo que iba. Sólo sentía, que para mi, sería importante. La tarde pasó rápido. Terminé mi terreno a las 17:40, salí corriendo y como andaba en auto, traté de esquivar al máximo los tacos de esa hora. Estacionarme fue una odisea. Pero logré llegar, corriendo como siempre, pero llegué justo cuando salía la persona anterior.
El centro Amulen está en una casa antigua, que pude mirar con detención. Imaginé cuál sería el living, la sala de estar, el comedor. La pinté de todos los colores, la decoré en mi mente, como hago cada vez que conozco una casa. Si es antigua, mi mente vuela más.
Subí una linda escalera, y me recibió Nicole. Una mujer de ojos profundos y pelo eterno. Nos sentamos en una pieza hermosa. Lo primero que le dije fue: "No se bien a lo que vengo, pero sé que será muy importante para mi" - "Siempre lo es", me dijo.
Me explicó que ella pediría abrir mis registros, y que vería imágenes en forma de película en su mente, acerca del presente y del pasado en mis otras vidas. Me dijo que podía hacer preguntas, que me permitirán entender aspectos claves de mi misma. Me pasó papel y lápiz, me pidió anotar mi nombre completo y la fecha de mi nacimiento. Sacó la hoja, me devolvió la libreta y me dijo que anotara toda la información que yo considerara importante, porque una vez cerrados los registros, ella los olvidaría. Simplemente, porque no tenía por qué recordarlos. Me asusté pensando en una especie de trance; pero no fue así. Después de una oración, Nicole me describió escenas, colores, lugares, motivos, cadenas, amarres, dolores, alegrías, vidas.
Salí de ahí entendiendo un poco más la vida, la muerte, la eternidad. Salí más convencida de que nuestra existencia es eterna. Salí sabiendo que soy un alma vieja y con la calma de que quienes amo, han estado conmigo a lo largo de esta eternidad. Salí mirando mi animal interior, salí con más preguntas, pero con las respuestas que esperaba. Salí de ahí después de una hora, zurciendo mi vida, y con ello, el linaje femenino de mi familia.
Salí entendiendo por qué escribo y por qué es una necesidad en mi vida actual. Salí sabiendo que no es la primera vez que lo hago.
Salí entendiendo que da lo mismo si se cuestiona lo real o no que pueda ser esta experiencia. Alguien puede decir que es fantasía, que es imaginación. Yo me pregunto ¿Cuál sería el problema? porque para mi, fue sanadora. Fue reparadora y por razones obvias, la compartí en detalle con mi madre; porque para efectos de sanación, era muy importante hacerlo. Salí de ahí entendiendo mis preferencias, mis pasiones, mi amor incansable por el color, mi relación con la ropa usada; mi amor por juntar las letras como Belisa Crepusculario, del cuento Dos Palabras de Isabel Allende.
No revelaré más detalles de esa hora vivida, porque forman parte de la intimidad más profunda y preciada de mi ser interior. Pero puedo decirles que recomiendo esta experiencia única en un cien por ciento. Si necesita conectarse con aquello que le inquieta, esto es para usted. Si necesita reparar, sanar, calmar los dolores del alma, esto es para usted. Pero sepa, desde ya, que las respuestas y las decisiones siempre estarán dentro de usted mismo y es nuestra responsabilidad crecer, avanzar.
Yo creo en todo. Dentro de mi paganismo, todas las creencias que ayuden al alma, tienen cabida. El universo quiere vernos felices siempre. La vida es este camino interminable de transiciones y cambios.
No dejaré de confiar. El problema es, de quien falla.