martes, 29 de diciembre de 2020


 Él no quería al amor una oportunidad darle, 

y tampoco me dejaría amarle, 

quizás porque no creía, que libre siempre yo lo quería, 

o porque a su corazón una coraza de acero le construyó, 

así él del amor huyó, 

y yo me preguntaba siempre, y sin quererlo atrapar, 

 ¿será que del amor él siempre podrá escapar? 


sábado, 19 de diciembre de 2020

EL


El no regala la luna, tampoco galaxias, no baja el cielo, no promete el futuro. El intenta abrazar mis miedos y sin querer me ha besado con tantas fuerzas el pasado. Yo siento que el me quiere con sus formas, muy suyas, a su manera. El no habla de lo que siente, sólo lo vive. 




jueves, 10 de diciembre de 2020

D E S P E R T A R


D E S P E R T A R 



Dormías y yo te miraba. Te miraba para convencerme que de verdad estabas aquí, conmigo.  Solo pensaba en la magia de la vida, en las personas, que como tú, llegan para sacudirnos la existencia. Pensaba en los dolores por los que atravesamos, en los caminos tan distintos, en las uniones entre ellos. Dormías mientras yo pensaba en todas estas cosas. Dormías a mi lado, conmigo. Y me quedé así, con el corazón fuera del cuerpo, apegado a ti. Mi corazón quería irse a hacerte compañía en silencio. 

Pienso seguido en los sucesos que parecen accidentes en nuestra vida, pienso seguido en las decisiones que tomamos y en la forma en la que afectan nuestro pasar por esta tierra. Pienso seguido en ti, pienso seguido en nosotros. Y es que la vida a veces es tan misteriosa, que hace llegar a ti, parches en forma de personas, para que cicatrices más rápido. Y yo me sigo sintiendo, en este sueño, del que no quiero nunca despertar. 


viernes, 4 de diciembre de 2020

2020

 2 0 2 0 

Cuando tenía 6 años, empecé un tratamiento dental para que mis dientes definitivos, tuviesen el espacio necesario en mi minúscula boca. Empecé a usar frenillos. Un día, el dentista me miró el cuello, y vio que yo tenía un lunar/verruga muy extraño, que seguro le llamó la atención. Mi mamá tenía uno muy parecido, también en el cuello, y para mí, que en ese tiempo buscaba por todos los medios tener similitudes físicas con ella que le justificaran al mundo que yo sí era su hija biológica a pesar de que no nos parecíamos, era muy importante, así es que yo amaba ese lunar que nos vinculaba de alguna forma.
     El dentista le dijo a mi mamá que había que llevarme al dermatólogo, porque podía ser peligroso si este lunar crecía o cambiaba de color. Yo que siempre anduve buscando escuchar conversaciones de adultos, me aterré ante la posibilidad de perder mi lunar. Los niños perciben las partes de su cuerpo de manera muy especial a esa edad, y el miedo a perder alguna de ellas, es muy latente. 
    Mis papás hablaron y el resultado de esa conversación, nos llevó a una dermatóloga. Ella dijo: "esto es un nevus verrugoso". - Hay que extirparlo. Me aterré. Ella, al ver mi cara dijo: - "Es una intervención ambulatoria, muy simple y rápida. No hay de qué preocuparse".

 Lo recuerdo como si hubiese pasado ayer. Poco tiempo después, tuve hora para sacarme el lunar, en el hospital regional. Fuimos los tres, mis papás y yo. Pudieron acompañarme solo hasta una parte, tuve que entrar sola. No quería, tenía pena y miedo a perder una parte de mi cuerpo. Mi papá se agachó frente a mi. Le dije: -"No quiero, ¿Qué pasa si mejor no me lo sacan y nos vamos? Mi papá dijo: ¿Cómo eres? - Autosucifiente, independiente y valiente - Contesté con poco ánimo. - "Bien, necesito que hoy seas la tercera: Valiente. Eres valiente. Vas a entrar y yo te voy a estar esperando acá."- Hice caso, entré, me anestesiaron el cuello y al poco rato, salí parchada y sin mi lunar en el cuello. Contenta, porque para variar, adultos hablaban cosas de adultos, frente a mí, sin considerar que los niños escuchan, a pesar de estar siendo operados de forma ambulatoria. Salí con más material en mi cabeza para entender el mundo de los grandes y las penas de amor. Si, hablaron de amor y hombres mientras yo era operada. 

    Poco tiempo después fuimos a buscar la biopsia al hospital, y en medio de un líquido, dentro de un frasquito pequeño, estaba mi nevus verrugoso, con su enorme raíz. Recuerdo haber ido caminando con mis papás, mientras lo mirábamos contra la luz del sol. También después de este evento, un día mi mamá se tocó el cuello, y su lunar cayó... lo perdió de forma natural. La vida es misteriosa. 

    Cuento esta historia, porque en ese momento, la valentía no era carecer de miedo. Era, por el contrario, entrar a la operación, a pesar del pánico, sabiendo que era por algo mejor. Era asumir el miedo, asumir un riesgo. Ser valiente era, perder algo, para estar mejor en el futuro. Y no entendí eso hasta hace muy poco, porque pasa también, muchas veces, en la vida. 

    Tener valentía, no es ir por la vida sin miedo. Es atreverse a hacer algo, a pesar de todos los miedos. A pesar de que lo que pueda pasar, sea aterrador. A pesar de perder algo que queríamos o a lo que nos aferrábamos. Ser valiente es enfrentar. Ser valiente es saber también soltar. Eso quiso enseñarme mi papá ese día, quizás, hasta sin saberlo. Y yo, no lo entendí hasta ahora.

    Antes de que el 2019 acabase, había tomado una decisión drástica: me elegí a mí misma. Y nada puede cambiar eso. Inspirada en esta decisión, me fui en febrero a San Francisco, California, un lugar que la Paty Peña de 12 años quiso conocer a penas vio en un libro, una foto del Golden Gate. Y al finalizar este viaje, que bien pudo no haber finalizado, volví a elegirme a mí misma. Quise volver a recuperar mi casa, mi vida, mi rutina, mis actividades y a las personas importantes para mí. Quise también, recuperarme a mí misma.

No pensé jamás que todo esto, sucedería en medio de una pandemia, de esas de las que  había leído en  libros de historia en blanco y negro y que pasaron así como en la Edad Media. 

Enero 2020. Mientras archivaba unos papeles con mis colegas dije: "este, será mi año. Lo prometo." Todos me escucharon, me miraron y me dijeron: - Si Paty, lo será. 

     Conté la historia de mi nevus verrugoso, justamente, porque en este último tiempo he recordado muchas de las historias de mi niñez, y están más vivas que nunca, porque comparto tiempo con alguien que las escucha con atención. Y esta, de la valentía, ha sido muy importante. En parte, porque al elegirme a mí misma, el comentario de la gente era siempre: -"Eres valiente" o "que valiente eres, yo no habría podido". No entendí a lo que la gente que decía eso se refería, porque no considero que tenga un gran rugido de león de valentía. 

 Para tomar una decisión se necesita lamentablemente, muchas veces, tocar fondo. Mi decisión vino después de escuchar una canción de Joaquín Sabina, que justamente, me había prohibido escuchar. Es esa canción que se llama: "Contigo", y que habla de un amor que desafía a los convencionalismos de la sociedad. Es una canción en donde se quiere todo y se quiere nada. Es un amor rebelde. Es un amor que quiere pasión o no quiere nada. Es un amor en donde las únicas ataduras, son los sentimientos de querer estar juntos más allá de la forma en la que la sociedad te dice que debes estar en pareja. Es un amor libre. Es un amor fuerte. Ahora, que en este instante la estoy escuchando una vez más, cierro los ojos: me veo sentada en la escalera de la cocina de mi casa, mirando al patio y diciéndome a mí misma: "Paty Peña, tienes que salir de aquí." Hice mi maleta al otro día, y salí de ahí para no volver atrás. A pocos días de que esta decisión cumpla un año de calendario, puedo describir algunas cosas que he ido aprendiendo y descubriendo en este camino...

     La primera, es que la elección más importante, y que marca todo lo que puede venir en la vida, es aquella que hacemos por nosotros mismos. No hay nada como elegirse a uno mismo. Todo lo demás, vendrá si elegimos valientemente desde el corazón, aunque sea llena de miedos. 

     La cuarentena me ayudó/obligó a estar conmigo misma, sin escapar. Me costó un poco, pero no tuve opción, y con esto, me estoy conociendo en algunos aspectos que no había antes considerado mirar. Tengo muchas inseguridades, encerradas dentro de mi minúsculo cuerpo. Todas ellas son y siguen siendo mías, solo mías. Sólo yo soy responsable de mantenerlas al margen de limitar mi vida. Pero, entendí que no es tan malo que alguien más las conozca, al menos algunas. 

Todo el amor que necesitamos está dentro de nosotros mismos, y puede ser tan grande, que se desborde hasta llegar a lugares infinitos y yo personalmente, creo que esa es la idea. A mi a veces, se me desborda, se me sale del cuerpo, me sobrepasa. Si en algún momento le pedí al universo un corazón más grande, ahora he sumado la petición de que mi amor no sea egoísta y que sea fuerte para superar dificultades, resolviéndolas, no evadiéndolas. 

El amor. El amor es limitado por nuestra existencia humana, pero al mismo tiempo, nos hace más humanos. Leí un libro hace poco, que se llama: "Las 100 respuestas del espíritu", y lo escribió un médium. Si, de esos que se comunican con muertos y maestros a través de un trance. Aprendí de esta lectura, que el amor escapa a nuestro limitado entendimiento, porque es infinito. Lo limitamos a lo romántico, a una pareja, a las ideas que tenemos de lo que debe ser nuestra vida y es mucho más que sólo eso. 

Entendí en este tiempo que los gustos, pasatiempos, preferencias, actividades, pueden cambiar dependiendo del momento en el que estemos, pero el corazón siempre sabe dónde y haciendo qué cosas, se vuelve más feliz. No hay límites. Pienso en mi amiga Kathy, que aprendió a tocar violín en este tiempo. Nuestras capacidades no tienen límites. Yo aprendí a hacer cheese cake de frutas. 

 La cocina y yo, así como la escritura, sólo somos compatibles cuando dentro de mí hay armonía y equilibrio. Cuando estoy bien. Ambas cosas me llenan el interior, como nada, pero hay una diferencia abismante entre ambas actividades. La cocina me llena cuando tengo con quien compartir, es una de mis formas de dar amor; siento un amor infinito cuando puedo compartir con alguien más eso que he cocinado. Con la escritura sin embargo, me pasa todo lo contrario. Me siento desnuda y vulnerable cuando alguien lee algo que yo escribí. Me cuesta, de hecho, hice este blog hace mucho tiempo, para intentar superarlo. Aún estoy en proceso de construcción, tengo mucho escrito que aún no podría compartir. Fantasmas personales. 

De las relaciones estoy aún aprendiendo, a diario. Lo he de cierta forma, separado del amor, porque mi propósito, no es limitarlo solo a las relaciones. Por mucho tiempo pensé que había algo malo conmigo, que hacía que no quisiera futuro. Descubrí que efectivamente sí había algo errado en mí, pero no era todo lo que yo creía que era. Estaba mirando el mapa al revés, y quizás por eso y otras cosas, anduve perdida harto tiempo. Estoy aprendiendo a vincularme de forma auténtica, permitiendo que las llaves abran dentro de mí, más allá de lo que es posible ver por encima. Estoy aprendiendo a entregar lo que más me cuesta. Estoy permitiendo verme vulnerable y fuerte, contenta y triste. Segura e insegura. Estoy aprendiendo, de a poco, a no tener nunca más, el chakra garganta bloqueado. Esto es lo que más me ha costado trabajo. Me siento como quien acaba de recuperar la voz después de una larga disfonía. 

Afortunadamente, la vida no ha sido egoísta conmigo, y ha traído a mí, lindas personas. Estoy viviendo un amor bonito. Si, existe. No es un mito. El amor puede ser bonito. Puede ser LIBRE. 

El amor hoy, soy yo misma bailando en mi sala de estar como si tuviese público y jamás hubiese dejado el ballet o la gimnasia rítmica. Soy yo cocinando. El amor es él abrazándome mientras yo sufro con una película de amor en donde nadie tiene que comprar jamás el pan. Es el silencio entre él y yo, interrumpido para leernos el uno al otro algo que nos llenó el alma. El amor son mis perros destruyéndolo todo con su locura. El amor es ver a mi cuñada hacer cosas lindas en este encierro para su hijo, mi sobrino. El amor son mis papás y su vida simple, son los olvidos del tiempo de mi abuelita. El amor es mi hermano saliendo adelante y buscando su lugar en el mundo. El amor son mis amigos de siempre, estando ahí para mí. 

 El amor está en mi reflejo en sus ojos color agua de té.  En el café de la mañana, que solo a él le queda bien.

Hace poco, alguien muy especial me envió un lindo texto, con la intención de que me sirviera de inspiración para escribir. Y entre otras cosas decía: "quizá el final eres tú, sola recogiendo los pedazos y volviendo a empezar". Y si, siempre podemos volver a empezar después de recoger nuestros pedazos rotos. Siempre. Y todo lo que viene, siempre es mejor. No más fácil. Mejor.

 Yo te aseguro que finalmente, nunca estamos solos. Nos tenemos a nosotros mismos y como la vida es sabia y misteriosa, siempre ganamos. Te recuerdo que sólo en los juegos de azar perdemos. En la vida, siempre ganamos. Y lo más importante: siempre hay amor, después del amor. 


jueves, 3 de diciembre de 2020

Q U E R E R T E


Me he dado cuenta que te quiero. Que te quiero con tus formas, tan únicas y tan tuyas; con tus seguridades, con tus contradicciones. Te quiero con eso que me cuentas y también con aquello que no le cuentas a nadie. Te quiero con tu forma de aprender del pasado y también con tus sueños lindos del futuro. Te quiero con tus recuerdos y con tus múltiples e irremediables olvidos. Te quiero con las complicaciones que le añaden a tu vida simpleza. Te quiero con esas llaves hacia tu interior, con tus laberintos. Te quiero con tus decisiones, con tu inconstancia, con tu puntual sinceridad. Con tus risas y preocupaciones. Te quiero con todo eso que es tuyo. Te quiero con todo esto que es mío. 

Te he soplado un hechizo

Ya la cuenta he perdido, de todos los hechizos que con tanto amor le he soplado,  que a veces detengo el día para preguntarle,  si pena sien...