jueves, 15 de agosto de 2019

Para mi Raquel



Te tengo atada a este mundo. Lo sé. Te tengo atada y no quieres irte para no abandonarme. Para no abandonarnos. Te aferras a la vida con todas tus fuerzas, y quizás las almas que has ido perdiendo con las  penas de tu existencia, están llamando a las que aún resisten dentro de tu cuerpo; ese mismo que hoy te pesa.

Y quiero escribirte ahora que tengo fuerzas, porque cuando sea tu hora de partir, yo no las tendré. Y me enojaré con el mundo entero por apartarte de mi. Pero me durará poco. Tendrá que irse esa rabia, porque eso te tendrá amarrada a esta tierra y yo no quiero que eso pase. 

Ha llegado ese tiempo en nuestro camino en el que me detengo a contemplarte, para recordar cada una de tus líneas, para que tu figura permanezca nítida en mi memoria. Corro a verte todos los días para escuchar cómo me cuentas una y otra vez las mismas cosas. Ya no me asusto cuando se te intercambian en la cabeza los tiempos y vas así alterando tus recuerdos; abrazo eso como parte de tu vida, como parte también de la mía. Y es que este amor es tan grande dentro mío, pero lo es más, dentro de ti. Y usabas ese amor para calmarme de niña el miedo a la muerte... "Quédate tranquila, tengo la vida del gato Paty, una bruja me dijo un día hace muchos años, cuando era joven, que me iba a morir viejita, viejita, viejita... y falta mucho todavía para eso"... 


Y es que son tantas las cosas que te traerán a mi memoria por lo que me quede de vida, que no quedará más que cerrar los ojos para sentir el sabor de tu comida y el calor de tu abrazo. Y querré con tantas ansias volver a escuchar las cosas de siempre: la receta de puré:  la cantidad de papas que tengo que echar a cocer, cuánta leche, cuánta mantequilla... la razón por la que no me queda igual al tuyo. Que "todo sube, y los sueldos, nada", "Que ya no hayan qué inventar"... 

Y cuando ya no estés en este mundo,  no tendré motivos para correr del trabajo a la hora de almuerzo sólo para verte, para sentirte, para saborear tu comida, para saber que sigues aquí, conmigo. Y es que me siento egoísta de haberte querido mía toda la vida. Mía y solo mía. Y así eres, solo nuestra. Por eso quiero que cuando sea tu hora, yo tenga las fuerzas necesarias para cumplir tu voluntad de cremarte, para que no te coman los gusanos. Y encontraré la forma de que vuelvas a la tierra sembrada como planta, tal como quieres, tal como has empezado a pedirme. 

Contigo aprendí que mucha instrucción intelectual va embruteciendo el alma de a poco, robándonos la humildad y el gusto por la vida simple. Contigo entiendo que la educación en Chile está hecha para destruir y no para construir; y sigue siendo tan cruel como hace 70 años atrás. Y cada 15 de Agosto será difícil sin ti.

Uno de los consejos espirituales que recibí este año fue el desafío de comenzar a soltarte y a dejarte partir cuando sea el momento. Porque has vivido por y para nosotros. Y es ese el único amor que has conocido, incondicional sí, pero el único. Y yo quiero hacerlo, para que tus lágrimas de esta vida, se transformen en risas en aquella que viene, para que seas ese sol que alumbre a muchos en tu próximo viaje. 


Y yo te seguiré amando siempre, hasta que volvamos a encontrarnos y podamos vivirlo de nuevo, en otros cuerpos, en otros lugares, pero en esta historia que sé, es infinita. 




Te he soplado un hechizo

Ya la cuenta he perdido, de todos los hechizos que con tanto amor le he soplado,  que a veces detengo el día para preguntarle,  si pena sien...