Te tengo atada a este mundo. Lo sé. Te tengo atada y no quieres irte para no abandonarme. Para no abandonarnos. Te aferras a la vida con todas tus fuerzas, y quizás las almas que has ido perdiendo con las penas de tu existencia, están llamando a las que aún resisten dentro de tu cuerpo; ese mismo que hoy te pesa.
Y quiero escribirte ahora que tengo fuerzas, porque cuando sea tu hora de partir, yo no las tendré. Y me enojaré con el mundo entero por apartarte de mi. Pero me durará poco. Tendrá que irse esa rabia, porque eso te tendrá amarrada a esta tierra y yo no quiero que eso pase.
Ha llegado ese tiempo en nuestro camino en el que me detengo a contemplarte, para recordar cada una de tus líneas, para que tu figura permanezca nítida en mi memoria. Corro a verte todos los días para escuchar cómo me cuentas una y otra vez las mismas cosas. Ya no me asusto cuando se te intercambian en la cabeza los tiempos y vas así alterando tus recuerdos; abrazo eso como parte de tu vida, como parte también de la mía. Y es que este amor es tan grande dentro mío, pero lo es más, dentro de ti. Y usabas ese amor para calmarme de niña el miedo a la muerte... "Quédate tranquila, tengo la vida del gato Paty, una bruja me dijo un día hace muchos años, cuando era joven, que me iba a morir viejita, viejita, viejita... y falta mucho todavía para eso"...
Y es que son tantas las cosas que te traerán a mi memoria por lo que me quede de vida, que no quedará más que cerrar los ojos para sentir el sabor de tu comida y el calor de tu abrazo. Y querré con tantas ansias volver a escuchar las cosas de siempre: la receta de puré: la cantidad de papas que tengo que echar a cocer, cuánta leche, cuánta mantequilla... la razón por la que no me queda igual al tuyo. Que "todo sube, y los sueldos, nada", "Que ya no hayan qué inventar"...
Y cuando ya no estés en este mundo, no tendré motivos para correr del trabajo a la hora de almuerzo sólo para verte, para sentirte, para saborear tu comida, para saber que sigues aquí, conmigo. Y es que me siento egoísta de haberte querido mía toda la vida. Mía y solo mía. Y así eres, solo nuestra. Por eso quiero que cuando sea tu hora, yo tenga las fuerzas necesarias para cumplir tu voluntad de cremarte, para que no te coman los gusanos. Y encontraré la forma de que vuelvas a la tierra sembrada como planta, tal como quieres, tal como has empezado a pedirme.
Contigo aprendí que mucha instrucción intelectual va embruteciendo el alma de a poco, robándonos la humildad y el gusto por la vida simple. Contigo entiendo que la educación en Chile está hecha para destruir y no para construir; y sigue siendo tan cruel como hace 70 años atrás. Y cada 15 de Agosto será difícil sin ti.
Uno de los consejos espirituales que recibí este año fue el desafío de comenzar a soltarte y a dejarte partir cuando sea el momento. Porque has vivido por y para nosotros. Y es ese el único amor que has conocido, incondicional sí, pero el único. Y yo quiero hacerlo, para que tus lágrimas de esta vida, se transformen en risas en aquella que viene, para que seas ese sol que alumbre a muchos en tu próximo viaje.
Y yo te seguiré amando siempre, hasta que volvamos a encontrarnos y podamos vivirlo de nuevo, en otros cuerpos, en otros lugares, pero en esta historia que sé, es infinita.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario